Dios nos busca a nosotros

por Miguel Angel Singh

 
 

Dios nos creo para que tengamos comunión con El. Dios es amor y el amor necesita un objeto, (o sujeto) para ser amado.
A Dios no le gusta estar solo, nos hizo para amarnos y compartir su Gloria.

El Amor de Dios es la poderosísima fuerza que le impulsa a buscarnos. Dios nos amó aún antes de fundar el mundo y nos hizo para que seamos uno con El

Como nos buscó Dios a nosotros

Desde el mismo momento de la Creación el propósito de Dios fue el de tener una continua y plena comunión con Sus criaturas.
Pero, lamentablemente el pecado entró en el corazón del hombre. La consecuencia más funesta que pudo haber tenido el pecado es separar al hombre de Dios.
Es el pecado lo que nos separó de Dios. Nosotros hemos pecado pero Dios no pecó y su inicial anhelo de estar siempre en comunión con sus criaturas no decayó ni cambio nunca.
El pecado nos separó y debilitó tremendamente nuestra relación con Dios, por eso, por el pecado, que aunque nuestros pecados son perdonados y lavados por la sangre de Cristo todavía persiste en nuestra naturaleza humana, es que tenemos que luchar por buscar a Dios y permanecer en Su Presencia.

La comunión ininterrumpida con nosotros sus criaturas es un deseo ardiente de Dios.
Veamos como ese Amor tan grande de Dios hizo que dios no se resignara a perder la comunión con sus criaturas  según nos lo relatan las Escrituras.
   
En el comienzo Dios puso al hombre y la mujer en el Huerto. Todavía el hombre no había pecado y gozaba de una perfecta relación con Dios.
En ese lugar tan hermoso Dios se paseaba por allí a la luz del día (ver Gn 3.8).

Pero, el hombre pecó. La consecuencia más terrible y funesta del pecado es que nos separa de Dios.
¡Cuánto debe de haber sufrido Dios a causa del pecado! Su mayor dolor fue que el pecado nos distanció de El y produjo un abismo de separación entre El y nosotros.
El hombre fue echado fuera del Huerto, a causa de su pecado pero Dios no se quedó quieto, inmediatamente se puso en marcha para restaurar Su relación con nosotros.
 Con el llamamiento de Abraham Dios inicio una monumental tarea de restauración de la relación con sus criaturas, (ver Gn 12).

Por medio de Abraham y su descendencia  Dios formo a Israel, Su Pueblo y cuando ellos estaban agobiados bajo la esclavitud egipcia y clamaron a Dios, El  escuchó su ruego.

Dios les libertó de Egipto para tener fiesta con ellos en el desierto, (ver Ex 5.1).
Podemos ver hasta aquí,  en este rápido y apretado relato como Dios fue obrando de manera de ir acercándose cada vez más a los  hombres  para tener comunión con ellos.

Una vez que Israel se encontró libre del yugo egipcio y ya estaban en el desierto, Dios dio otro paso importante para acercarse a Su Pueblo, ordenó a Moisés construir un Tabernáculo.

Esta preciosa Tienda, portátil y construida con los más preciosos  materiales  tenía en su más profundo interior un lugar muy especial, el Lugar Santísimo, que estaba separado por un velo del resto de la construcción.

Cuando el Tabernáculo fue ofrecido a Dios en una gran fiesta celebrada en medio del desierto, la Gloria de Dios descendió sobre el Tabernáculo y ocupó el Lugar Santísimo. Ese Tabernáculo acompañó a Israel por todo su peregrinaje por el desierto y ocupaba el centro del campamento.

Pero, lo que nos interesa destacar es que el Tabernáculo era el Tabernáculo de reunión, o sea que dios hizo ese Tabernáculo para depositar allí Su Gloria y reunirse con Su Pueblo, (ver Ex33 al 35).

Así se afirma en Ex 33.6-7

“Y Moisés tomó el Tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el TABERNACULO DE REUNION.
Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al Tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento.”

De esta manera Dios proveyó un lugar donde mantener la comunión con Su Pueblo y poder tener relación con sus hijos. Más adelante, la Epístola a los Hebreos nos explica que este Tabernáculo es figura de las cosas por venir, refiriéndose a la obra redentora de Cristo.
 
En efecto, si bien el Tabernáculo proveyó un lugar donde encontrarse con Dios, tenía serias limitaciones ya que había que ir a ese lugar para reunirse con Dios y solo los hebreos podían hacerlo.

Más adelante en la época de la monarquía el Tabernáculo fue reemplazado por el Templo donde también había un velo que separaba el Lugar Santísimo del  resto y donde descendió la Gloria de Dios.

Cuando Cristo murió en la Cruz el velo del Templo se rasgó de arriba abajo, (ver Lc 23.45) de esta manera Dios abrió las puertas a la comunión con El a todos los hombres, sin distinción de raza o nación. Ahora todos tenemos entrada a ese Lugar Santísimo que es el Trono de Dios, (ver Heb 4.16; 10.19-22).