Tiempos de sequedad

por Miguel Angel Singh

 
 

Ya tengo setenta y dos años y hace más de cincuenta que me entregué al Señor. He leído todos los libros que pude sobre la oración y estudiado todo lo que encontré sobre el tema. Explico y enseño sobre la oración desde hace años y cuando me preguntan parecería que lo supiera todo sobre el tema.

Sin embargo, después de tanto tiempo, me levanto por la noche y hay veces que me cuesta estar una hora orando. 

Mi mente divaga y mis pensamientos van de aquí para allá. Constantemente tengo que esforzarme para volver a concentrarme en orar. Vuelvo a la cama y no duermo, a veces me pregunto:
¿Estuve orando? ¿Sirvió de algo orar? ¿Para qué hago esto?

Le pido a Dios que, como al apóstol Pablo, me permita un poco de locura. 
Cincuenta años por trescientos sesenta y cinco son más de dieciocho mil noches. Aunque, en realidad, en muchas no oré, digamos entonces que serán quince mil noches en que estuve orando o, muchas veces, luchando por orar. 
Se supone entonces que ya no tendría que tener problemas para orar.
En ese tiempo hubo momentos de hermosa intimidad con el Señor, dolores y angustias compartidos con Él, paz y dulzura, nuevas fuerzas y consolación, todo mezclado.
También tiempos de desierto.

Pero, ¿A esta altura no deberían haber desaparecido los tiempos de sequía? No. 
La lucha continúa.
Tantas veces que “no pasó nada” ¿Fueron horas inútiles?
El saldo es que estuve con el Señor.

Dios se alegra cuando voy a Él, aunque este medio dormido, o apenas me haya podido concentrar en Dios por unos instantes. Lo verdaderamente importante es que estuvimos juntos. Me cuesta entenderlo, pero orar es más dar que pedir. 

Darle a Dios de mi tiempo, aunque sea un tiempo de no mucha calidad es una manera de honrarle. Muchas veces tuve que decirle, Dios aunque no me digas nada, aquí estoy.
Veo que no son horas “inútiles” y al fin me doy cuenta que en esas horas inútiles es más lo que recibí de Dios que en las “otras” en que me pareció que había orado “bien”.
Orar es estar con Dios. Y eso nunca es tiempo perdido o inservible. 
No es verdad que “no pasa nada” Estoy con Él. 

Y estar con Él es lo más maravilloso que puede pasarme.