Cicatrices

 

por Florencia Lago

 
 


"Cada vez soy más consciente de que Dios quiere toda mi vida, no sólo una parte de ella. No es suficiente dar sólo un cierto tiempo y atención a Dios y guardarme el resto para mí. No es suficiente rezar, a menudo y profundamente, y luego irme de allí a mis propios proyectos.

Mientras trato de entender por qué estoy, todavía, tan inquieto, ansioso y tenso, me parece que todavía no le he dado todo a Dios. Lo noto especialmente en mi codicia por el tiempo. Me preocupo mucho por tener suficientes horas para desarrollar mis ideas, terminar mis proyectos, satisfacer mis deseos. De esta forma, mi vida está, en realidad, dividida en dos partes, una parte para Dios y una para mí mismo. Mi vida no puede ser pacífica si está dividida de esta forma.

Regresar a Dios significa regresar a Dios con todo lo que soy y todo lo que tengo. No puedo volver a Dios con sólo la mitad de mí ser. Mientras reflexionaba esta mañana, otra vez, sobre la historia del hijo pródigo y trataba de experimentar en mí mismo el abrazo del padre, de repente sentí una cierta resistencia a ser abrazado tan plena y totalmente. No sólo experimenté un deseo de ser abrazado, sino también el temor de perder mi independencia. Me di cuenta de que el amor de Dios es un amor celoso. Dios no quiere sólo una parte mía, sino que me quiere todo. Sólo cuando me entregue completamente al amor paternal de Dios, puedo esperar ser libre de las distracciones eternas, estar listo para oír la voz del amor, y ser capaz de reconocer mi único propio llamado."
(Henri Nouwen)

Lo que soy es mi historia. Quién soy yo tiene que ver con mi pasado, tanto como con mi presente. No sería lo que soy hoy, si no hubiera vivido las cosas que viví. Y eso incluye mis heridas. No podría predicar a Cristo resucitado si no tuviera las cicatrices en su cuerpo. Las cicatrices en mi cuerpo y en mi alma me hacen quien soy. Pero no cuando todavía duelen, cuando temo mostrarlas, cuando me avergüenzo de ellas.

Las cicatrices que me dan identidad son aquellas que puedo mostrar, orgullosa, no por haberme lastimado, sino por haber sido sanada. No son sólo golpes, caídas, desilusiones, tristezas, decepciones, sino lecciones de vida, oportunidades, experiencias, sabiduría. Aquellas que todavía están abiertas impiden que sea quien soy realmente, o que me muestre tal cual soy. Cuando todavía me duele, no dejo que se acerquen a mí demasiado, no me dejo abrazar tan plena y totalmente como quisiera.

Philip Yancey dice: "Pablo no habló de resignación sino de transformación. Las mismas cosas que nos hacen sentir insuficientes, las mismas cosas que nos roban la esperanza, esas son lo que que Dios utiliza para realizar su obra. Prueba de esto la tenemos en la cruz. [...] Si Dios puede sacar semejante triunfo de las fauces de una aparente derrota, puede sacar fortaleza de un momento de debilidad total, ¿qué pudiera Dios hacer con los aparentes fracasos y dificultades de mi propia vida?"

Sólo Dios puede traer verdaderos triunfos de los fracasos más absolutos. Pero no puede hacerlo a menos que se los entregue. A menos que me entregue completamente a él, con mis triunfos y mis fracasos. Con mis habilidades y debilidades. Con mis talentos y mis falencias. Sólo cuando le entregue mi presente y mi pasado, él podrá construir mi futuro.