Una palabra de María
recopilado por Rubén Lago

Dios ha dotado de una gracia especial a las madres, el amor de madre tiende a ser incondicional, acepta al hijo no importa lo que haga, ó como se comporte, en cambio el amor de padre tiende a ser más provisional y más relacionado con la conducta.

Cuando Dios decidió elegir una pareja en la tierra para encomendarles tan honrosa tarea, la de ser “padres” del Hijo del Altísimo; habrá debido evaluar, sin lugar a dudas el corazón de estas dos personas, José y María.

Porqué Dios eligió a una adolescente, sin experiencia. No involucraba esto demasiados riesgos en semejante proyecto? No hubiese sido más adecuado una mujer más madura, espiritualmente formada?

Evidentemente Dios prefirió un corazón inocente, moldeable y necesitado de aprender, con toda la sencillez de lo tierno.

En Lucas 2 encontramos: ”Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.

Debe haber sido, sin duda, una tarea difícil permanecer firme en la palabra que había recibido, en medio de los comentarios..., las conjeturas... y hasta las burlas. Para entender a María, sólo deberíamos olvidar la historia del cristianismo por un momento e imaginarnos esta misma situación hoy... Pensar en una parejita de adolescentes de nuestra Iglesia que, justamente por ser adolescentes, ADOLECEN de tantas cosas que nosotros los más maduros conocemos perfectamente; y creer y aceptar semejante atrevimiento: ¡pretender ser los escogidos de Dios!!

Seguramente no fue fácil, y eso la llevó a guardar las cosas en su corazón, meditando en ellas y confiando sólo en Dios, y a veces en su joven e inmaduro marido.

Me atrevo a imaginar que todo esto hizo un trabajo de maduración en su corazón, que indudablemente fue una herramienta muy importante en manos de Dios para formar el carácter de Jesús.

En las escrituras, después de estos relatos de los primeros años y con excepción del conocido relato cuando Jesús fue hallado por sus padres en el templo, hablando con los maestros de la ley; no encontramos más acerca de María hasta que Jesús, ya adulto, está a punto de comenzar su ministerio público y se encuentra en Caná de Galilea invitado a una boda junto con algunos de sus discípulos y en la que también se encontraba María y seguramente algún otro miembro de la familia.

En medio de la celebración María, siendo consecuente con su espíritu maternal, se enteró de que faltaba el vino (para las costumbres de la época, un detalle insalvable) y no sólo se enteró, sino que se involucró para “ayudar” y así lo relata Juan en el capítulo 2 de su Evangelio:

1Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. 2También fueron invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. 3Y faltó vino. Entonces la madre de Jesús le dijo:
—No tienen vino

María conocía muy bien, la sensación que se siente frente a la sospecha y el ridículo, y sabía acerca de la inseguridad que se puede llegar a sentir frente a lo difícil de explicar, no importa si era producto de la imprevisión, de un error ó de negligencia, siempre hay muy poca ocasión de explicar...; pero sí sabía lo que este momento podía significar para los novios y para toda la familia. Aunque también conocía muy bien a su hijo, porque desde que era pequeño “guardaba estas cosas en su corazón y meditaba en ellas”. Entonces no dudó en tomar una decisión que sin dudas fue audaz, pero llena de misericordia, aún lo podemos ver por la reacción de Jesús.

4Jesús le dijo: —¿Qué tiene que ver esto con nosotros, mujer? Aún no ha llegado mi hora.

Casi sin prestar atención al comentario de Jesús, dio una instrucción, diciendo a los que servían: - Haced todo lo que él os diga.

Conocemos el final de la historia, y que este fue el primer milagro que marcó el comienzo del ministerio público de Jesús. Una situación que podría haber arruinado toda la celebración se convirtió en bendición.

Sólo por seguir “una palabra de María”: Haced todo lo que él os diga.
 


 


Volver a la sección Vida Devocional