¿Es difícil o fácil ser cristiano?
1

por C.S Lewis

 

La idea corriente que todos tenemos antes de hacernos cristianos es ésta: tomamos como punto de partida nuestro yo ordinario con sus distintos deseos e intereses. Luego admitimos que otra cosa –llámenlo “moral” o “comportamiento decente” o “el bien de la sociedad” – le presenta demandas a este yo, demandas que interfieren con sus propios deseos. Lo que queremos decir con “ser bueno” es ceder a esas demandas. Algunas de las cosas que el yo ordinario quería hacer resultan ser lo que llamamos “malo”: bien, debemos renunciar a ellas. Otras cosas, que el yo no quería hacer, resultan ser lo que llamamos “bueno”: bien, tendremos que hacerlas. Pero todo el tiempo tenemos la esperanza de que cuando se haya respondido a todas las demandas, el pobre yo natural todavía tendrá alguna oportunidad, y tiempo suficiente para seguir con su propia vida y hacer lo que quiere. De hecho, somos muy parecidos a un hombre honrado que está pagando sus impuestos. Claro que los paga, pero sí tiene la esperanza de que le quedara lo suficiente para seguir viviendo. Porque seguimos tomando nuestro yo natural como el punto de partida.

Mientras pensemos en esta forma, es probable que una u otra de dos consecuencias tenga lugar. O dejamos de intentar ser buenos, o realmente nos hacemos muy desgraciados. Porque, no se equivoquen: si en verdad van a tratar de cumplir con todas las demandas que se le hacen al yo natural, no quedará lo suficiente para seguir viviendo. Mientras más obedeces a la conciencia, más demandas te hará ella. Y tu yo natural, al que así a cada momento se le inflingen hambre y restricciones, se enojará más y más. Al final, o dejarás de intentar ser bueno, o te transformarás en una de esas personas que, como ellas dicen, “viven para los demás”, pero siempre de un modo descontento y quejumbroso, siempre preguntándose por qué los demás no lo notan más y haciéndose los mártires. Y una vez que te hayas transformado en eso, serás una peste para cualquiera que tenga que vivir contigo, una peste mucho más grande que si hubieras permanecido francamente egoísta.

El camino cristiano es diferente: más duro y más fácil. Cristo dice: “Denme Todo. No quiero tanto de su tiempo y tanto de su dinero y tanto de su trabajo: los quiero a Ustedes. No he venido a atormentar a su yo natural, sino a matarlo. Ninguna medida a medias sirve. No quiero cortar una rama aquí y otra allá, quiero botar todo el árbol. No quiero taladrar el diente, o ponerle una corona, o detener la carie, sino extraerlo. Entrega todo tu ser natural, todos los deseos que crees inocentes junto con los que piensas malvados, todas tus prendas. Les daré un nuevo ser a cambio. De hecho, les daré Mi Propio Ser: mi propia voluntad será de ustedes”.

Más difícil y más fácil de lo que todos estamos intentando. Espero que habrán notado que Cristo mismo a veces describe el camino cristiano como muy difícil, y otras como muy fácil. Dice, “Tomen su Cruz”, en otras palabras, es como que a uno lo vayan a golpear hasta matarlo en un campo de concentración. Y al minuto siguiente dice, “Mi yugo es ligero y mi carga liviana”. Ambos son válidos. Y es fácil ver por qué ambos son verdad.
Los maestros les dirán que el chico más flojo de la clase es el que al final trabaja más. Quieren decir esto: si se les da a dos muchachos, por ejemplo, un teorema de geometría, el que está dispuesto a tomarse la molestia intentará comprenderlo. El flojo tratará de aprendérselo de memoria porque, en el momento, eso requiere menor esfuerzo. Pero seis meses más tarde, cuando se estén preparando para dar examen, el chico flojo estará haciendo horas y horas de trabajo penoso en cosas que el otro chico comprende, y realmente disfruta, en unos pocos minutos. La flojera significa más trabajo a la larga. O mírenlo de esta forma. En una batalla, o al escalar una montaña, frecuentemente hay una cosa que requiere mucho valor; pero también es, a la larga, la más segura. Si te amilanas, horas después te encontrarás en un peligro mucho peor. Las cosas cobardes son también las más peligrosas.
Aquí es igual. La cosa más terrible, la más imposible, es entregar todo tu yo – todos tus deseos y preocupaciones- a Cristo. Pero es mucho más fácil que lo que todos intentamos, hacer a cambio. Porque lo que intentamos hacer es permanecer lo que llamamos “nosotros mismos”, mantener la felicidad personal como nuestra principal meta en la vida, y al mismo tiempo ser “buenos”.

Todos estamos tratando que nuestra mente y nuestro corazón sigan su propio camino – centrados en el dinero o en el placer o la ambición-, y esperando, a pesar de ello, comportarnos honesta y casta y humildemente. Y eso es exactamente lo que Cristo nos previno que no podríamos hacer. Como El dijo, un cardo no puede dar higos. Si soy un campo que sólo contiene semillas de pasto, no puede producir trigo. Podar el pasto lo puede mantener corto, pero seguiré produciendo pasto y no trigo. Si quiero producir trigo, el cambio tiene que ir más allá de la superficie. Debo ser arado y vuelto a sembrar. Es por ello que el verdadero problema de la vida cristiana aparece donde la gente usualmente no lo busca. Aparece en el momento mismo en que despiertas cada mañana. Todos tus deseos y esperanzas para el día se abalanzan sobre ti como animales salvajes. Y la primera tarea cada mañana consiste simplemente en empujarlos atrás; en escuchar a esa otra voz, tomar ese otro punto de vista, dejar que esa otra vida, más grande, más fuerte y más tranquila, fluya en ti. Y así durante todo el día. Apartándote de tu natural alborotarte por naderías y tus naturales irritaciones; protegiéndote del viento.

Al comienzo sólo podemos hacerlo por momentos. Pero a partir de esos momentos, la nueva clase de vida se esparcirá por todo nuestro sistema: porque ahora lo estamos dejando trabajar en la mejor parte de nosotros. Es la diferencia entre la pintura, que meramente cubre la superficie, y la tintura o una mancha que impregna en profundidad. Cristo nunca dijo vacuidades difusas e idealistas. Cuando dijo “Sean perfectos”, hablaba en serio. Quería decir que debíamos someternos a todo el tratamiento. Es difícil; pero el tipo de componenda tras la cual todos andamos es más difícil aún; de hecho, es imposible. Puede ser difícil para un huevo transformarse en un pájaro: harto más difícil le sería aprender a volar mientras seguía siendo un huevo. Ahora todos somos como huevos. Y no puedes permanecer indefinidamente siendo sólo un decente huevo común. O somos empollados o nos echamos a perder.

¿Puedo volver a lo que dije antes? De esto se trata todo el cristianismo. No hay nada más. Es tan fácil confundirse al respecto. Es fácil pensar que la iglesia tiene una gran cantidad de diferentes objetivos: educar, construir, enviar misiones, realizar servicios religiosos. Es tan fácil como pensar que el Estado tiene muchos objetivos diferentes: militares, políticos, económicos y de todo tipo. Pero en cierto sentido las cosas son mucho más simples. El Estado existe simplemente para promover y proteger la felicidad corriente de los seres humanos en su vida. Un marido y su esposa conversando a la orilla de la chimenea, un par de amigos jugando una partida de dardos en la taberna, un hombre que lee un libro en su cuarto o cava la tierra en su jardín, para eso está el Estado. Y a no ser que estén ayudando a aumentar y prolongar y proteger esos momentos, todas las leyes, parlamentos, ejércitos, cortes, policía, economía, etc., son simplemente una pérdida de tiempo.

Del mismo modo, la iglesia existe sólo para llevar a los hombres a Cristo, para hacerlos pequeños Cristos. Si no lo están haciendo, todas las catedrales, clérigos, misiones, sermones, incluso la Biblia misma, son simplemente una pérdida de tiempo. Dios se hizo Hombre con ningún otro propósito. Incluso es dudoso, saben ustedes, que el universo en su totalidad haya sido creado con otro propósito. La Biblia dice que todo el universo fue creado para Cristo y que todo será reunido en El.

No creo que ninguno de nosotros pueda entender cómo sucederá esto en lo que se refiere a todo el universo. No sabes qué (si es que hay algo) vive en las partes de él que están a millones de millas de la Tierra. Incluso en esta Tierra, no sabemos cómo se aplica a todo aquello que no es el hombre. Después de todo, es lo que podría esperarse. Se nos ha mostrado el plan sólo en lo que a nosotros concierne. Lo que nos ha dicho es de qué manera los hombres pueden ser llevados a habitar en Cristo, pueden llegar a ser parte de ese maravilloso regalo que el joven Príncipe del universo desea ofrecer a su Padre, ese regalo que es El mismo y así nosotros en El. Es lo único para lo cual hemos sido hechos. Y hay extrañas, emocionantes insinuaciones en la Biblia respecto a que, cuando seamos llevados al Padre en Cristo, muchas otras cosas de la naturaleza comenzarán a estar bien.
El mal sueño habrá terminado: será el amanecer.


1. Tomado de Mero Cristianismo, Ed. ANDRES BELLO, 178 páginas.