La Piedad y la Oración

por Miguel Angel Singh

 

La piedad es probablemente la virtud que mejor define el espíritu cristiano. Pero piedad es una palabra tan profunda y tan amplia que resulta difícil de explicar y lleva mucho tiempo entender. Es más, sin la ayuda del Espíritu Santo nunca podremos comprender que es la piedad.

El Maestro la definió perfectamente, aunque sin nombrarla en forma explícita. Fue cuando dijo:

“Amarás al Señor tú Dios con todo tú corazón, y con toda tú alma, y con toda tú mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tú prójimo como a ti mismo.”

Mt 22:37-39

A tal punto es completa esta sentencia que Jesús le agregó:

De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetasMt 22:40

El diccionario nos ayuda explicándonos que la piedad es:

“Virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas y, por amor al prójimo, actos de abnegación y compasión.”

Somos del Espíritu, ciudadanos del cielo, llamados a ser santos. La santidad se va haciendo en nosotros en tanto nos vamos alejando del pecado, la piedad nos acerca a Dios a lo puro, a lo santo. El piadoso está cerca de Dios en temor santo. Pero, ¡Qué difícil describir lo que siente el piadoso cuando esta con “Su” Dios!, (“tú” Dios, dijo Jesús).

Jesús sabía a qué se refería. Una parte de la piedad, así como el primer mandamiento, es esa íntima comunión del piadoso con Su Dios. El y él solos en tierna devoción. Esa ternura, ese amor en silencio, esa reverente sumisión, esa dulce adoración que no cabe en las palabras, que llena el silencio con más silencio. La Presencia de Su Dios en el silbo apacible, es el lugar y la Vida reservada para el piadoso, que percibe lo Santo, que conoce y va conociendo a Su Dios cada vez más.

Pero, la piedad no termina ahí. Si así fuera no sería santa, porque entonces la piedad sería puro egoísmo, puro deleite solitario y… eso no es santidad.
El amor al prójimo completa la piedad, sacándola del egoísmo sin sacarla de la santidad. Así, esa tierna devoción a Dios se transforma en amor, abnegación, compasión, misericordia para el prójimo. Dios no quiere bendecirnos solo en la soledad, la soledad con Dios nos capacita para amar a los demás, y Dios quiere que el piadoso comparta ahora con “Su” prójimo. Entonces el Amor a “Su” Dios y a “Su” prójimo hacen piadoso al piadoso. Si uno de estos Amores falta, el piadoso deja de serlo.

¿Y que relación hay entre la piedad y la oración? Mucha y toda. Oración sin amor al prójimo es vano misticismo, pero,

¿Cómo amar al prójimo sin devoción a Dios? Cuando oramos relacionamos a “Nuestro” Dios Santo con “Nuestro” prójimo que necesita a Dios.
El piadoso en santo sacerdocio, relaciona, presenta, intercede delante de “Su” Dios por “Su” prójimo. Si la Vida del piadoso es “Su” Dios, esa Vida se comunica a “Su” prójimo en oración. La oración del piadoso por el prójimo le capacitará y le llevara a los “actos” de abnegación, compasión y misericordia por él. Y así se cumplen toda la Ley y los profetas.