Cristo y el cuerpo de Cristo 1
El propósito de la irrupción del Espíritu Santo en nuestros corazones
 

 
por Giovannni Traettino
 

En ocasión de la celebración de los 25 años de camino de nuestra familia espiritual 2, hemos compartido un pensamiento que deseo reproducir aquí porque creo que resume dos buenos puntos de la "revelación" y la inspiración esencial de la espiritualidad y de la vocación profunda del movimiento pentecostal y carismático.

Leamos Hechos 2:1-4, y luego los versículos 41 a 47.
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

He aquí descripto un evento importante, decisivo, el evento que da inicio a la iglesia, a la historia de la iglesia; en pocas palabras, acá está la semilla, el ADN de la iglesia.
Ocurren aquí cosas de una importancia decisiva. En primer lugar, el corazón está traspasado, herido, "molido". Y a través de esta herida, el Espíritu Santo irrumpe en la vida de las personas. Él, como persona, traslada a la vida de los heridos que lo han recibido a Él, la vida misma de Dios. Su objetivo es formar a Cristo. A partir de este primer evento se inicia, incluso en los apóstoles, la gestación de la concepción y, posteriormente, la formación de Cristo en el corazón. El Espíritu Santo desciende, y en el interior, hace esta obra de penetración profunda, implantando en el corazón esta semilla de la vida que, única, puede dar lugar a la vida de Cristo. Esto inicia el proceso de "formación de Cristo", absolutamente estratégico y vital para la vida de todo cristiano. Aquí se pone el fundamento: no de manera intelectual o emocional, sino por la irrupción del Espíritu Santo en la vida de las personas.

En segundo lugar, otra cosa sucede en Pentecostés: como fruto de esta efusión y de esta irrupción nace la iglesia, el cuerpo de Cristo.
El autor de la iglesia es el Espíritu Santo. La verdadera iglesia no es en realidad el producto de regulaciones o acuerdos humanos. Viene a la vida, se forma y se desarrolla sólo en la medida en que proviene de la presencia de Dios y se origina de la revelación interior de Dios. Uno de los problemas de nuestro mundo es la falta de comprensión de este proceso. La iglesia es a veces considerada como algo que podemos producir, en lo que podemos estar de acuerdo, "arreglar".

Todo esto es sólo un producto humano. El producto divino tiene que ver con la naturaleza de Dios, con quién es Dios, con la estructura interna de Dios; tiene que ver, entonces, con Dios mismo que se encarga de atravesar nuestro corazón, de establecerse en el centro de nuestros corazones, para hacernos partícipes de la naturaleza divina, revelando también cuál es la naturaleza de la iglesia.

Porque la naturaleza de la Iglesia está íntimamente ligada a la naturaleza de Dios: la iglesia representa la naturaleza de Dios.

El fundamento que vemos puesto en Hechos por el Espíritu Santo: Cristo y el cuerpo de Cristo.

Pentecostés genera la relación entre Cristo y la iglesia. ¡Esta revelación es extraordinaria! El fundamento es Dios mismo, que se traslada a nuestros corazones. El fundamento no es una teología, sino que la teología permite explicar este hecho. El fundamento mismo de la vida de Dios expresado en Cristo y su iglesia está en el Espíritu Santo que se mueve en nuestros corazones, y que produce una corriente de la revelación, que es a veces acompañada de un río de pensamientos, emociones, sensaciones; experiencias muy fuertes, que pueden traducirse en manifestaciones, incluso "extrañas", como las de los apóstoles y discípulos. Porque la energía de esta revelación es tan fuerte, el río que se ha depositado en nosotros es tan impetuoso, que se convierte en una cascada que desborda. Entran en crisis entonces las herramientas del lenguaje ordinario, las de la mente, de nuestra comunicación habitual. Y tenemos que hablar de alguna otra manera, tal vez en otros idiomas, o caer, saltar, temblar, experimentando el tipo de manifestaciones que se han visto o de las que se escuchado hablar. Pentecostés es esto: Dios que visita al hombre, Dios que decide establecer su Reino en nosotros y a través de nosotros. Y esto es glorioso, es verdaderamente extraordinario: ¡no hay otra cosa debajo del cielo que tenga esta belleza extraordinaria, esta fuerza incomparable!

Y todo comienza en un núcleo muy pequeño, en el núcleo de los discípulos.

Si se me permite una pequeña referencia autobiográfica, recuerdo que estábamos en el salón de nuestra casa en el otoño de 1977. Estábamos reunidos en oración, un grupo de hermanos y hermanas, algunos pentecostales y otros no, y esa noche el Señor irrumpió en mi vida y mi esposa. Recuerdo ahora con gran emoción aquel momento.

Fui establecido como pastor en el ’68, me convertí en el ’60, pero recién aquella noche tuve la experiencia del Espíritu Santo.

Fue una experiencia fuertísima, extraordinaria, que cambió mi vida, no sólo por la experiencia en sí, por la emoción intensísima y fuerte que provoca, sino por lo que aquella experiencia significó en términos de revelación, en términos de “modelo”, en concreto, de aquello que Dios haría más tarde en medio de nosotros. Éramos una cosa muy pequeña, diez o quince personas, pero allí estaba todo el programa de Dios.

Del mismo modo ocurrió el día de Pentecostés. No eran miles, sólo un pequeño grupo de hombres visitados por Dios. A partir de ahí estalló el fuego que incendiaría regiones enteras, países enteros, continentes enteros. Éramos un círculo, un grupo de hermanos, amigos, que se conocieron, haciendo la experiencia de orar en unidad interdenominacional. Un hecho bastante nuevo para aquellos tiempos: pentecostales y bautistas que oraban juntos.

Y así como vi a la revelación tomar forma en mi corazón, así también con el modelo externo, lo que Dios habría de construir en los años siguientes.

Cuando pienso en el origen, en el ADN de nuestro movimiento, no puedo dejar de pensar en aquella noche, en el hecho de que el Espíritu Santo nos ha visitado.

Y allí, por cómo estábamos reunidos, se estaba enseñando que Él supera las denominaciones, que Él quiere que los hermanos estén en unidad, que las denominaciones son una construcción nuestra, que el cuerpo de Cristo, la iglesia, es algo que está más allá… Se estaba enseñando a escucharnos recíprocamente, se estaba enseñando el diálogo. Qué Él es el Rey y nosotros sus súbditos, que debemos estar prontos a cambiar…

Estábamos aprendiendo que teníamos que andar juntos, caminar juntos, a pesar de un pasado diferente. ¡Distinto pasado, pero un mismo futuro!

El Señor nos ha enseñado que su propósito no era dejar a todos atados a su pasado, separados de su hermano, sino que superásemos este pasado (reconociendo el valor, la riqueza, la validez que se pueden ver en el del desarrollo de muchos hombres de Dios que, en siglos anteriores, trataron de ser fieles al Señor).

¡Pero el Señor nos estaba diciendo que hay más! Y si hay una cosa que me gustaría tener (a mi edad no es fácil, pero está escrito: "Vuestros ancianos tendrán sueños...") es la misma apertura y la disposición que tenía en el 77, la misma disposición de pisar nuevos territorios y traspasar nuevas fronteras, y estar disponible en las manos de Dios. Por todo lo que tiene de nuevo para mí, para su iglesia, para su futuro. Para continuar bajo la nube, detrás de la columna de humo.

No es fácil sostener las convicciones a lo largo de los años, y no es fácil continuar estando realmente disponibles en las manos de Dios. Pero lo que deseo para mí y para mis hermanos, los que hemos caminado juntos todos estos años, es este tipo de apertura y disponibilidad: flexibilidad y sensibilidad en las manos del Espíritu. Que, así como el Espíritu comenzó a hablar, inspirar, revelarse, pueda continuar haciéndolo. En la profunda convicción de que no conocemos todo, sólo una parte. Que el camino continúa, porque la iglesia es siempre un camino.


Porque, a pesar de que hemos trabajado en la restauración de las cosas que nos ha mostrado (Y a veces más en la revelación que en la práctica, y ahí reside nuestra debilidad, nuestra incapacidad), el Señor nos advierte de no estar orgullosos, no pensar que la revelación es nuestra, porque la revelación es sólo una herramienta que Él nos da para operar.

 


Continúa en Cristo y el cuerpo de Cristo II

1. Traducido con permiso de http://www.riconciliazione.org/DettagliMessaggi.asp?NomeSezIstituzionale=Riflessioni&idmessaggio=148

2. El autor se refiere al movimiento desarrollado básicamente en Italia e identificado con la Iglesia Evangélica de la Reconcilación.