Consideraciones y sugerencias que apuntan hacia la estructuración y función de la iglesia como pueblo y comunidad

por Keith Bentson

 

Nota Editorial

Este artículo está basado en un apunte que Keith Bentson compartía invariablemente con las congregaciones a las que tenía que conducir, y tiene que ver con su concepción de la iglesia como familia, pueblo y comunidad. Al leer estas líneas, a todos los que fuimos discipulados por él nos vendrá a la mente aquella frase que tanto repetía y que forjó la fisonomía de nuestras congregaciones: "La iglesia se construye por relaciones".

El texto básico de aquel apunte ha sido completado con algunas acotaciones que el mismo Keith le agregó de puño y letra, más otras notas que tomábamos mientras él compartía esta enseñanza.

A. Consideraciones generales

 

 
1. Hay, por lo menos, tres tipos de estructura social:
a. La estructural social funcional. La mayoría de las instituciones políticas, económicas y de servicio, están estructuradas para lograr ciertas metas preestablecidas, de modo que son de este tipo. Son estrictamente necesarias. Oficinas, fábricas, etc.
b. Existe, además, la estructura social informal, que encontramos en grupos sociales, clubes, etc., que sirven para satisfacer los gustos personales de los miembros. Son legítimos.
c. Luego, la estructura social relacional, como en la sociedad tradicional, y como en la familia hoy día. La estructura que encontramos en la iglesia del N.T. es de esta naturaleza. (Ver la relación personal y funcional de Pablo con sus colaboradores, como igual con las iglesias: Rom. 16).
   
2. Relaciones
La iglesia tiene que formar lazos que no operan sobre la base de lo funcional, sino en base a la relación. Con este término nos referimos a un vínculo personal, auténtico, cálido, caracterizado por la confianza y el respeto, y que abarca virtualmente todas las áreas de la vida. Es algo, de alguna manera, indefinible.
3. Estas relaciones deben ser múltiples
Para lograr una auténtica comunidad cristiana, es imperativo restaurar relaciones de tipo grupal entre los hermanos. Estas relaciones serán de carácter personal y abarcarán tanto las necesidades personales, cono la ejecución de las diferentas funciones. Es preciso integrar las relaciones personales con las funciones.

Las relaciones no deben ser exclusivas sino que debe haber margen de acción para que cada uno pueda formar distintos lazos con otros. Tampoco se debe pretender que esto grupos relacionales sean para siempre. La única relación permanente es la de marido / esposa.
   
4. El amor fraternal es la base para desempeñar los roles de la iglesia.
   
5. El hogar debe ser el centro de servicio desde donde se prodigan los cuidados, servicios y ministerios.
   
6. La enseñanza debe ser transmitida dentro de un marco de la relación vivencial entre personas y familias. Lo más importante es la relación de hermano a hermano, luego la relación con un hermano mayor, líder, etc.
   
7. La comunidad cristiana tiene que apoyar a la familia y no competir con ella por la lealtad ge sus miembros. Debemos revisar las necesidades de las familias; adaptar las actividades a ellas, y no al revés.
   
8. Grupos de familias
Las famillas bien relacionadas entre sí hacen a la cohesión de la comunidad cristiana. El núcleo familiar, para expresar su mayor fuerza y gracia, tiene que desplazarse dentro del marco de varias familias. Hay que pensar en actividades con varias familias.

Un nuevo grupo casero, por ejemplo, puede comenzar con el envío de un pionero o “misionero”, pero podría más bien partir con dos o tres familias que se reúnen a tener comunión y orar.
9. Otros grupos de apoyo
Aunque la familia es la unidad primordial de la comunidad, debe haber otras unidades que complementan y fortalecen a la familia. (Por ejemplo, grupos de varones y mujeres, que fortalecerán las funciones de ambos).
   
10. Debemos ampliar el concepto de líder
Además de los que gobiernan y enseñan con un ministerio sobra la comunidad (los pastores), habrá otros que son de orden funcional (para realizar ciertas tareas de corta o larga duraci6n), de orden carismático (para desempeñar ciertos ministerios específicos), y existirán aquellos que lo son por su habilidad en unir personas, infundir confianza, consolar y animar; son líderes de relación, (tienen "don de gente", decimos).

Ver nuevamente Romanos 16: ninguno se distingue por un ministerio espectacular, sino porque se habían movido sabiamente entre los hermanos.
11. El valor de las mujeres
Hay que honrar a las mujeres que ayudan a afirmar en medio de la comunidad los valores de la mujer. Tito 2:3-5. Los cabezas de la comunidad necesitan la contribución de líderes femeninos como el esposo necesita del criterio y sensibilidad de su mujer. Hay que detectar y relacionarse con estas mujeres, sin llegar necesariamente a institucionalizar, por ejemplo, en el cargo de una diaconisa.

Puede que la esposa del pastor cumpla estas funciones de apoyo, aunque no necesariamente. Su principal rol es el de esposa, madre y hermana de los otros creyentes, por encima del de “pastora”.
   
12. El lugar de las mujeres líderes
Los cabezas de la comunidad harán funcionar la comunidad con las mujeres líderes en sujeción a ellos. (Cabe mencionar que en cuanto a la actividad de mujeres sobre mujeres, que hay un tipo de subordinación que se basa en el amor y en la lealtad al grupo como tal).
13. Fortalecimiento de los roles
La iglesia debe edificar a sus miembros dando lugar a que hombres tengan más relación con hombres, y mujeres con otras mujeres.

En el hogar: La madre enseñará y entrenar tanto a niños como a niñas, especialmente hasta los 7 años. Después, siguiendo ella especialmente con la niña, el padre deberá comenzar a dedicar tiempo a la enseñanza y formación del niño y seguir con él hasta que sea mayor.

En cuanto a las actividades: será sabio hacer una bastante clara diferenciación entre las responsabilidades de los hombres y de las mujeres. Una división de actividades según el sexo reduce el espíritu competitivo y fortalece la imagen y valor de unos y otros.
14. Pautas de conducta social
Debemos tratar de desarrollar pautas de conducta social (noviazgo, vestimenta, tiempo libre) diferente a las costumbres mundanas, pero no anticuadas que las hagan parecer artificiales. Hay que oír a las nuevas generaciones.
15. Dignificar la subordinación y santificar la autoridad.
16. Seguir matando al machismo
El hombre aprenda a honrar cada vez más a la mujer, por ser mujer; desarrollar el entendimiento y mutua aceptación entre los dos sexos; eliminar el espíritu competitivo.
17. Aprovechar más el aporte “intuicional” de la mujer
Debemos saber, y estar bien convencidos, de que el hombre no puede gobernar solo, ni en el hogar, ni en el trabajo, ni en la Iglesia, ni en el Estado. La mujer debe estar a su lado, subordinada pero funcionando.
18. Recordar que el hombre se realiza como tal básicamente en su rol de trabajador
Por lo tanto, fomentar que sean industriosos, creativos, con algunos de ellos con su propio negocio, taller, fábrica, según sea el caso y capacidad de cada uno. En lo posible, que su mujer tenga algo que ver con su trabajo.
19. Comentarios generales acerca de la implementación de prácticas nuevas:
a. Debemos distinguir en las Escrituras la diferencia entre normas creacionales – válidas para todas las generaciones – y las prácticas culturales, que eran la expresión local de esas normas.
b. No debemos imponer rápida ni bruscamente las normas o prácticas que deseamos incorporar a la vida de la comunidad, para evitar así el peligro de un espíritu legalista ("se hace así porque sí"). Toda práctica nueva tiene que pasar por un proceso de concientización en el alma del pueblo para poder llegar a ser un sentir profundamente auténtico, con contenido moral y espiritual. Además, hay que admitir un tiempo de prueba después del cual se harán ajustes en la nueva práctica, procurando siempre que ella armonice en lo posible con nuestro marco cultural.

Continúa en Consideraciones... (II)