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Después de todo
la Biblia no es un libro. Es una biblioteca. Contiene
sesenta y seis libros, escritos por una enorme variedad
de autores en un periodo de más de dos mil años en tres
idiomas. Algunos de los escritores eran judíos, otros no
lo eran. Algunos eran reyes, otros pastores. La variedad
de estilos de la Biblia es calidoscópica: Historia y
profecía, salmos y poesía, evangelios y epístolas,
alegorías y parábolas –aun historias de amor.
La cosa más
sorprendente cuando estudiamos la Biblia es que, a pesar
de su diversidad todos los escritores dicen la misma
historia.
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Usted encuentra la misma visión de Dios desde el
principio hasta el final. Él es Creador, Salvador y Juez. Él es amor santo.
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Usted encuentra el mismo entendimiento de la
naturaleza humana: una
capacidad muy alta de bondad y la profundidad más grande
en
impiedad. Creados para gozar de Dios pero en contra de
Él. Nuestro
bien supremo es ser reconciliado con Dios y los unos con
los otros.
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Usted puede encontrar una visión común de Jesucristo.
El es Dios y
hombre. Un ser humano real como nosotros, sin embargo,
Él nos mostró
el Dios que no podríamos entender de otra manera. Su
muerte en la
cruz no es simplemente un ejemplo supremo de heroísmo.
Por un lado
muestra la profundidad de la debilidad humana,
determinada a eliminar
lo mejor cuando lo vemos, por otro lado la profundidad
del amor de Dios,
dispuesto a llegar a cualquier punto para rescatarnos
del alejamiento
que hemos escogido. Los escritores de la Biblia están
claros también,
en que en la cruz algo profundamente significativo
sucedió: “El llevó
nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero”.
También están
claros en que la muerte no fue lo suficiente fuerte como
para detener a
Jesús. Él resucitó de la tumba en aquel primer día de
resurrección. Él
está vivo hoy, y podemos encontrarnos con Él. Él puede
cambiar
nuestras vidas.
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Usted puede encontrar la misma esperanza. Al final de
la historia el
propósito de Dios será cumplido en la tierra como en el
cielo.
No hay duda de que los escritores bíblicos están unidos
por la armonía del punto de vista más sorprendente. Yo
reto a cualquiera a
encontrar un paralelo en la historia o literatura en el
mundo. ¿Dónde más
puede usted encontrar la unidad tal acerca de Dios entre
una vasta disparidad
de escritores a través de dos mil años?
Las religiones comparadas es un estudio muy interesante,
en el que encontramos a la humanidad buscando a Dios, y
los diferentes fines
de la búsqueda. Pero la Biblia no muestra realmente a la
humanidad buscando
a Dios. Muestra algo mucho más sorprendente y radical:
Dios en busca de la
humanidad. Dios es el amante supremo a quien hemos
rechazado, pero Él se
interesa tanto en nosotros que viene a encontrarnos, aun
siendo tan rebeldes
como somos. No hay religión en el mundo que nos diga
algo comparable. El
tema de la salvación, es el mensaje de la Biblia en todo
su vasto significado.
El Antiguo Testamento está en el centro de tres grandes
religiones monoteístas del mundo: Judaísmo, Cristianismo
e Islamismo. No se
puede tirar a un lado como “desconfiable”. Es una de las
obras seminales de la
humanidad. Usted no puede, por supuesto, probar la
verdad de lo que se dice
acerca de Dios. Ese es un juicio de fe, pero usted puede
mostrar que la
transmisión de su texto es extraordinariamente
confiable. Los Rollos del Mar
Muerto, hallados en 1947, dan el texto hebreo de un
número de libros del
Antiguo Testamento. Escritos entre 150 AC y el 70 DC,
son mil años más
viejos que cualquier manuscrito hebreo de la Biblia
previamente conocido. Pero
el texto es prácticamente idéntico. Muestra que tenemos
un texto
extraordinariamente confiable del Antiguo Testamento.
Y el Antiguo Testamento señala más allá de sí mismo a
una salvación que todavía estaba en el futuro. Como
Agustín vio claramente el
Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo y el
Antiguo se revela en el
Nuevo. Y el centro del Nuevo Testamento es Jesús mismo,
un judío del primer
siglo que fue ejecutado bajo el gobernador romano Poncio
Pilato.
Hay evidencia secular de Jesús. Dos famosos escritores
romanos de ese periodo nos hablan de Él: Tácito en Los
Anales 15.44 y Plinio
el Joven en Cartas 10.96 También los escritos judíos de
Josefo (especialmente
Antigüedades 18.3.3 y El Misná. Estos textos atestiguan
su historicidad, su
nacimiento extraño, sus milagros, sus enseñanzas, sus
discípulos, sus
alegaciones mesiánicas, su muerte por crucifixión, su
alegada resurrección y
su promesa de advenimiento al final de la historia.
También hay apoyo
arqueológico de que había cristianos y de lo que éstos
creían en el primer siglo
DC, y también de la veracidad de las declaraciones
cristianas en los
Evangelios y en el libro de los Hechos.
Pero por
supuesto la fuente principal de
información disponible a nosotros acerca de Jesús está
en el Nuevo
Testamento. ¿Podemos confiar en él? Esto nos lleva a
considerar tres puntos:
¿Podemos confiar en los documentos? ¿Tenemos el Nuevo
Testamento
como fue escrito, o el texto ha sido alterado a través
del tiempo?
La respuesta es que el texto del Nuevo Testamento es tan
seguro que nadie lo enmienda por temor a ser
ridiculizado en corte. Tenemos
tantos manuscritos del Nuevo Testamento, escritos tan
cerca de los mismos
eventos, que podemos estar seguros de tener el texto
correcto en algún lugar
de la tradición manuscrita –y las diferencias son
menores. Ni una sola doctrina
pende de alguna de estas diferencias. En verdad no hay
ningún libro antiguo
donde la tradición manuscrita sea tan primitiva y tan
extendida como es el caso
del Nuevo Testamento.
Como escribió la célebre arqueóloga bíblica Kathleen
Kenyon, “El intervalo entre la fecha de la composición
original y la primera
evidencia existente viene a ser tan pequeño que resulta
insignificante, y la
última base para cualquier duda que las Escrituras hayan
llegado hasta
nosotros substancialmente como fueron escritas ahora ha
sido descartada”.
¿Podemos confiar en el contenido de los Evangelios? Una
cosa es tener un manuscrito confiable. Otra muy
diferente es tener material
confiable acerca de Jesús.
Otra vez aquí podemos estar muy seguros. Los Evangelios
no son principalmente historia o biografía o enseñanza:
ellos representan una
nueva forma de literatura, “buenas nuevas acerca de
Jesús”. Estas buenas
nuevas fueron predicadas en todo el Imperio en los
treinta años antes de
Marcos, el primer evangelio que fue escrito. ¿No da ese
intervalo oportunidad
para la corrupción y la invención? No. El profesor C. H.
Dodd, en uno de sus
libros acerca del Nuevo Testamento da más influencia en
este siglo, La
predicación apostólica y su desarrollo, ha mostrado que
mucho del mismo
patrón de predicar acerca de Jesús puede encontrarse en
todas las porciones
independientes del Nuevo Testamento que forman el
testimonio de Jesús.
Algunos de los eventos escritos en los evangelios están
abiertos para la verificación externa. En cada caso
salen airosos. Pero hay dos
pruebas que son particularmente de ayuda a los eruditos
modernos. Una es la
prueba del arameo. Cuando algo en los evangelios se
puede traducir fácil del
griego de nuevo al arameo que Jesús y sus discípulos
usaron, resulta muy
seguro. Y aun estos pasajes concuerdan con el material
que no puede volverse
a traducir fácilmente. Los orientales tenían memorias
exactas y entendían bien.
El segundo criterio es el testimonio múltiple. Si algún
evento o dicho es
verificado por varias porciones de los evangelios, hay
una presunción alta de
exactitud. Y eso se aplica a reportes centrales como las
enseñanzas
principales de Jesús, el milagro de alimentar los cinco
mil, su muerte y
resurrección.
Aunque el asunto de la crítica del evangelio es
complejo,
vale decir que no hay libros en el mundo que hayan sido
examinados tan
minuciosamente como los evangelios por unos doscientos
cincuenta años de
crítica erudita, sin embargo, su autoridad permanece tan
alta hoy como
siempre.
Pero a lo que llegamos con esto: ¿Podemos confiar en la
persona en quien se concentra la Biblia, Jesucristo?
¿Son ciertas las
declaraciones acerca de su vida y enseñanza, su muerte y
resurrección, su
amor y reto? ¿Es alguien a quien no sólo admiramos sino
que también
necesitamos?
Muchos que declaran que no se puede confiar en la Biblia
ignoran sus enseñanzas. Pero están muy seguros de que no
desean dar el
costoso paso de entregarse a Jesucristo de quien la
Biblia habla. No es lo que
no pueden creer en la Biblia el problema, como dijo una
vez Huck Finn, ¡es lo
que pueden creer! Eso es más que suficiente para
enfrentarnos con una
dificultad moral masiva. Si la Biblia es verdadera,
¿vamos a recibir su verdad? |