El avivamiento de Wesley en la Inglaterra del siglo XVIII

por Dario Lopez

El contexto
Al comenzar el s. XVIII, Inglaterra atravesaba una etapa de profundo desorden social. Los poderosos comenzaban a invertir sus capitales en un nuevo modo de producir que los enriquecía exponencialmente, explotando en su afán de lucro a los más humildes. La Revolución Industrial, tal como se conoce esta etapa de la historia reportaba pingües ganancias a los capitalistas, mientras aceleraba los procesos de descomposición social. Escribe al respecto J.H. Plumb "...Las peores condiciones, largas horas, pagas irregulares de salarios, descarada explotación de las mujeres y el trabajo infantil se llevaba a cabo a pequeña escala y en la industria doméstica... La disciplina en las fábricas, especialmente con los niños, era cruda y cruel con frecuencia. Y para la mayoría no había ninguna esperanza" (Inglaterra en el Siglo XVIII, páginas 88-89).

Violencia, inmoralidad, injusticias eran parte de la cotidianeidad de una sociedad a la que alguien definió como "un vasto casino", debido a la rutina semanal de los hombres marcada por la bebida, la riña de gallos o peleas de perros y los juegos de azar que empobrecían a los obreros.

Por su parte, el carácter de la dirigencia política inglesa y de los líderes religiosos oscilaba entre la inmoralidad manifiesta y el escepticismo, por lo que Inglaterra corría un serio riesgo de perder literalmente a generaciones en una cultura de pecado. Fue en este escenario, en el que fruto de la piedad de algunos de sus hijos, Dios metió su poderoso brazo para salvar una nación.

El vaso de barro
Juan Wesley estudiaba teología en la Universidad de Oxford donde formaba parte, junto a su hermano Carlos y otros estudiantes, del "Club del Santo", un particular grupo que realizaba entre otras actividades estudios sistemáticos de las Escrituras en su idioma original, reuniones de oración periódicas, visitación regular de las prisiones de Oxford donde enseñaban a leer, reparto entre los pobres de ropa, comida, medicinas y libros, ayudaban a buscar empleo y hasta pagaban algunas deudas de sus prójimos. La disciplina observada por sus integrantes en los citados quehaceres les valió el mote de "metodistas".

A pesar de esto, a la vida de Wesley le faltaba algo. Luego de una frustrada experiencia misionera en Georgia, Estados Unidos, su ministerio parecía, según el mismo relata en su diario, acabado. Pero el encuentro con un hermano moravo llamado Martín Böhler, fue el instrumento que Dios usó para vivificar a Wesley. Böhler estaba convencido de que tanto Juan como Carlos Wesley, aunque sinceros, dedicados y sacrificados, no eran aún hijos de Dios. Aunque en principio los Wesley rechazaban sus comentarios, la noche del 24 de mayo de 1738, escuchando la lectura del comentarios de Martín Lutero a la carta a los Romanos, la vida de Juan Wesley cambió para siempre. En sus propias palabras: "Sentí que mi corazón fue extrañamente conmovido, que confiaba en Cristo, y en El únicamente para mi salvación, y me fue otorgada una certeza a mí de que El había llevado y quitado mis pecados; sí, los míos, y que me había salvado a mí de la ley del pecado y la muerte."

El despertar
Influenciado por su amigo Jorge Whitefield, Wesley comenzó a predicar a multitudes al aire libre, convirtiendo su frase "el mundo es mi parroquia" en una realidad. En todo tiempo y en todo lugar, Wesley predicaba. Miles y miles de personas escucharon durante años el fervoroso mensaje de Wesley. Aunque fogosas, sus predicaciones eran sencillas en su contenido y para nada novedosas. El Espíritu Santo vivificaba las Escrituras que tanto había estudiado. Arrepentimiento de los pecados y fe en el sacrificio vicario de Cristo Jesús eran el eje de sus predicaciones, poniendo especial énfasis en la santidad como fruto de la conversión.

El método y los frutos
Luego de sus predicaciones masivas, Wesley organizaba entre los conversos de una ciudad pequeños grupos a los que se denominaba sociedades y que no son otra cosa que nuestras actuales reuniones caseras, clases bíblicas o células. En ellas se oraba, se cantaba y se estudiaban las escrituras, como en su antiguo "club del Santo". De este modo se seguía eficazmente los primeros pasos de los nuevos discípulos. Estos grupos eran bastante disciplinados, pues según Wesley, esta era la única garantía de que los frutos permaneciesen. "Cuerpo y alma hacen al hombre", -argumentaba- "el Espíritu y la disciplina hacen al cristiano".

El historiador, Will Durant, resumió el efecto de la obra de John Wesley y los metodistas en la Inglaterra del siglo XVIII: "Ellos trajeron su mensaje de pecado y arrepentimiento a los campesinos, mineros y criminales; le dieron a los analfabetos un código ético que compartir para la rehabilitación moral de Inglaterra...". La influencia de Wesley también llegó a los espacios de poder. Junto con otros cristianos piadosos de sus época fueron la voz de Dios en las conciencias de los parlamentarios británicos que abolieron la esclavitud.
La obra del Espíritu Santo a través de Wesley y el movimiento metodista del s XVIII, tuvo otro aspecto de gran valor. Marcó el comienzo de un fuego misionero primero en su nación y luego en Estados Unidos del cual toda Latinoamérica es hoy deudora.

Conclusión
Numerosos textos de Historia secular sobre Inglaterra afirman que este mover de Dios salvó a Inglaterra de una revolución sangrienta y destructiva. Esperamos que dentro de no muchos años, nuestro libros de historia cuenten acerca de la salvación de Argentina gracias a un pueblo que con fervor proclamó en todo tiempo y en todo lugar las buenas noticias del Reino de Dios.


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